Tiempo para encontrar a Dios -Conferencia -U. Javeriana.

Inscripción aquí: http://bit.ly/2G1XHpC

 

Soy el Océano del Amor;
Te muestro el camino del amor.
Mi amor permanece intacto y constante.
No me olvido de ninguno de ustedes.
Tengo tanto amor por vosotros,
y Mi amor es incondicional e ilimitado.
Soy el Bienamado. 
Hace mucho tiempo que Me estás clamando.

https://www.facebook.com/brahmakumaris/videos/1779714465405933/

¿Quién es Dios?

Estamos acostumbrados a conocer las cosas viéndolas, oyéndolas, probándolas, tocándolas y oliéndolas. La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura materialista de «si no lo veo, no lo creo» y estamos acostumbrados a percibir las cosas de este modo. Puesto que no podemos ver, oír, probar, tocar u oler a Dios, surge la cuestión: ¿de verdad existe Dios?

Uno puede llegar a Dios con pensamientos puros y así estar conectado a Él. El alma experimenta como respuesta sentimientos puros y fortaleza espiritual. Dios es la verdad en sí misma y, por ello, puede reconocerse con el ojo de la verdad.

Dios: El Alma Suprema

Igual que nosotros, Dios también es un alma. A diferencia de nosotros, se Le llama el Alma Suprema –la única alma que nunca adopta un cuerpo (físico o sutil, humano o angélico) para Sí mismo. Está por encima de los efectos de las acciones y nunca está sometido a las dualidades de nacimiento y muerte, placer y dolor, éxito y fracaso. Yendo más allá de los límites del tiempo de este mundo físico, Él retiene el conocimiento absoluto del universo y todas sus dimensiones.

¿Dónde está Dios?

Dios vive, no en todas partes sino en algún lugar. Pensar en Dios casi siempre nos hace mirar hacia arriba, igual que si uno tal vez estuviera a la expectativa de que apareciera una cara milagrosamente por detrás de las nubes o que brillara por detrás de la luna. Los pensamientos son poderosos. Vinculan a un alma con otra. Si se canalizan correctamente, los pensamientos pueden llegar hasta donde sólo el alma puede viajar –más allá de la luna y las estrellas, a una dimensión de luz dorada y rojiza, el hogar original de todas las almas. Sumida en la experiencia del calor de esta luz, el alma se siente como si por fin estuviera en el hogar, con Dios.

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